UruRock
 
e-mail
Email
Hacé clic aquí para suscribirte a UruRock
Suscribirte
a UruRock
Google

JAIME ROOS

Un gol de "mediocampo"

Reportaje de Gerardo Sotelo
Fuente: Audio Técnica, Música & Video Nº 27 - Octubre 1984 - Pag. 56

Jaime Roos volvió en febrero al Uruguay, pero desde abril su actividad se centró en el estudio La Batuta, donde el músico preparó el material que integra su quinto larga duración: MEDIOCAMPO. Sobre sus características conversamos con Jaime, quien analizó el trabajo en profundidad.

     "Una de las características es el ritmo, un ritmo bien trajinado, un poco en relación al título del disco: Mediocampo. En cierta forma, yo desempeño en él una labor de mediocampista, uniendo diferentes sectores del campo con un ritmo fuerte, y donde aparecen, a través de las canciones, diferentes delanteros y defensas que van haciendo lo suyo a través del partido. Hay delanteros netos como Mateo, como Hugo Fattoruso, como Beledo o Jorge Vallejo. Hay defensas como la cuerda de tambores y la murga Falta y Resto. El medio campo, un poco lo compartimos con Etchenique, el "Boca" y Magnone. A través del disco aparecen las características predominantes, que son el candombe, la murga y el rock and roll. Justamente, en este último año estoy haciendo una especie de reafirmación o retorno a los gustos de la infancia como lo son estos tres ritmos o estilos. Al mismo tiempo, una preocupación de comunicarme con un público más adolescente, sin descartar, por supuesto, que a otro tipo de público le pueda gustar. Pero, un tema como Luces En El Calabró es como para pasar en una discoteca. Aclaro que el tema salió así, no me propuse hacer un tema para pasar en una discoteca, lo mismo que Una Vez Más, que también se puede bailar. Pero una vez que los temas estaban ahí, me di cuenta de lo que tenía entre manos y traté de llevar el arreglo a lo que tenía que ser.
     Es bueno señalar también que le dimos mucha importancia al sonido, tuvimos un estudio realmente mejor que el anterior, y la producción fue bastante perfeccionista, como siempre, aunque esta vez creo que fuimos un poquito más allá. En lo que tiene que ver con las letras, las de
Mediocampo están un poco más abiertas, aparentemente, de lo que viene a ser el "yo". En Siempre Son Las 4, la mayoría de las letras, estan dichas en primera persona; directamente estaba hablando de mis problemas. Aquí los temas son un poco más impersonales, precisamente, más populares. Son cosas más generales. Durazno Y Convención, a pesar de que es mi barrio, está hablando de ese lugar; Victoria Abaracón describe un personaje; Luces En El Calabró describe otro personaje; Si Piensas En Mí es una balada romántica mejicana completamente impersonal; Tal Vez, Cheché la hice para Etchenique; Los Futuros Murguistas habla de las cosas más generales; Nunca Fuiste Al Cine es una de mis primeras letras aconsejando a alguien; Una Vez Más es un tango, una descripción de una escena, y Pirucho es una canción que describe a un grupo de personas. Repaso la canciones para que se vea que no hay un Quince Abriles, un Hermano Te Estoy Hablando, un Chalaloco. La temática de Mediocampo, entonces, es más general, más popular, más aislada de mi propia persona —aunque sólo aparentemente porque yo tengo una conexión con todas estas cosas— y fue un esfuerzo conciente para superar el "bajón" en el que me encontraba hace un año".

— En ese sentido, parece que en Mediocampo hay más rock que en los discos anteriores.
— Yo he tocado rock and roll en todos mis discos, lo que sucede es que me moví en un rock and roll directamente uruguayo, ya que utilicé ritmos estilizados de candombe, murga y milonga. Lo que nunca había hecho, y esta es la característica de un para de temas de Mediocampo como Luces En El Calabró y Una Vez Más, es hacer directamente rock and roll, sin que haya ningún tipo de cruza con la murga o el candombe. Esto es un paso, en cierta forma, delicado. Yo no tengo ningún tipo de racismo contra el rock and roll, todo lo contrario, a mi me gustaría poder llegar a tocar un buen rock and roll. Pero fue un paso delicado porque para hacer rock and roll, desde el punto de vista profesional, a mi entender hay que hacerlo bien o no hacerlo. Y cuando se hace rock and roll, los puntos de referencia son aquellos países cuyo canto popular es el rock and roll, como Estados Unidos o Inglaterra. Ahora bien, varias formas de ese estilo se han vuelto casi internacionales. Fue delicado, y recién en ese disco lo pude llevar adelante, hacer rock and roll puro, sin ningún tipo de influencia rítmica uruguaya, a pesar de que yo creo que tanto Luces En El Calabró como Una Vez Más, son rocanroles uruguayos, ya que hay detrás, en la mentalidad, en la letra, en la forma de hacerlo y cantarlo, un dejo uruguayo.

— ¿Los músicos uruguayos pueden hacer buen rock?
— Yo creo que sí, que los músicos uruguayos, curiosamente, están abiertos a una serie de cosas que van mucho más allá del rock, tienen unas orejas muy universales. Y creo que se puede hacer rock como se puede hacer jazz. Pero creo también que es difícil llegar a hacerlo bien, llegar a tocarlo con su esencia. Lo que sucede es que hay que tocarlo más. Nosotros estamos haciendo candombe y nos sale más o menos bien porque lo tocamos y lo escuchamos todos los días. Pero acá se toca poco rock and roll y cuando se toca se está inventando en el momento. Ahora, con respecto, a las generaciones jóvenes que hacen rock and roll, a mi me parece fenómeno que la gente lo haga. El punto crítico que yo veo a esto es que toda esta gente que toca la guitarra eléctrica no esté compenetrada de algo que para mi es fundamental, como el candombe y la murga. No tiene sentido que se pueda o se quiera tocar rock and roll y no se pueda dominar lo mínimo, que es el folklore de su propia ciudad.

 — En las letras de tus canciones hacés referencia sistemática al pasado y Mediocampo no es una excepción. ¿A qué se debe?
— Para mí, mis canciones son una forma de hablar conmigo mismo y con mis amigos, ya que se me hace tremendamente complicado hablar a través de la conversación. Es cierto; quizás sea una manía o una obsesión hablar del pasado, pero creo que lo hago como una forma de decir quién soy. O también, cuando se habla de hechos colectivos pasados, como una forma de dar mis puntos de vista sobre lo que son.

— ¿Cómo fue grabado Mediocampo?
Mediocampo fue una producción independiente de Darío Ribeiro y mía que se le vendió al sello Orfeo, como ya había sucedido con Siempre Son Las 4. Eso significa que, una vez terminado, se le vende a la compañía el disco con la tapa ya hecha. A ellos les resulta cómodo y a nosotros también, ya que no recibimos presiones desde el punto de vista artístico de nadie, hacemos lo que queremos. Hay que aclarar que la compañía nos tiene total confianza para poder trabajar de esta manera y esta confianza se ha ganado después de muchos años de hacer las cosas de una forma medianamente eficaz. Lo grabamos y lo mezclamos en La Batuta, en 16 canales; prácticamente llevó cinco meses. El corte se hizo en el estudio Ion de Buenos Aires.

 — ¿Por qué el nombre de Mediocampo?
— Por varias razones. Una de ellas es la continuación del uso de la simbología numérica. Siempre Son Las 4, por ejemplo, es una frase que decíamos con un grupo de amigos, como diciendo "siempre es hora de hacer las cosas". A su vez, el 4 es el símbolo de la lucidez dentro de la borrachera, por eso aparecía haciendo el cuatro, vestido como un cantante de varieté. Luego viene este que es el quinto, y el cinco es el número de camiseta de mediocampista. Y una vez, el flaco Castro me regaló un disco de "la Falta" (Falta y Resto) y en la dedicatoria me catalogó como "centrojás", de una forma cariñosa. Entonces, si bien es un puesto que a mi me queda grande, doy por descontado que el uso de todos estos símbolos se han hecho con la mejor intención, y además está hecho con ese fin. Entonces, el disco que viene a ser "Jaime Roos 5", se llama Mediocampo, y aparezco con una camiseta de Fénix con el número 5. También Fénix tiene su simbología, por lo del pájaro que renace de sus cenizas. Pero además, la palabra "mediocampo" me gusta como suena, y me pareció un buen título para un disco.

 — Da la impresión que Mediocampo es un disco más maduro, más compacto que Siempre Son Las 4, por lo menos se nota una idea más acabada.
— Sí, estoy de acuerdo con que es más compacto. Obviamente el sonido es más coherente y da una impresión, como obra, de ser más redonda que Siempre Son Las 4. Pero Siempre Son Las 4 tiene una cierta liviandad, una cierta respiración que, dentro de mi escala de valores y desde ese punto de vista, parece estar más alto que Mediocampo. Siempre Son las 4 es un disco que me ha dado varias sorpresas. A la gente que está en Europa, por ejemplo, no le gustó Siempre Son Las 4 comparado con Aquello, en cambio a la gente que está en Uruguay le gusta más Siempre Son las 4.

 — Sí, pero en Mediocampo parece que el peso está más repartido, es decir, que el material es bien parejo, aunque pueda no haber un tema como Adiós Juventud.
— Bueno, porque otra característica que olvidé señalar de Mediocampo es que incluye temas más populares en su promedio. Casi todos esos temas podrían haber abierto una cara del disco. En Siempre Son Las 4 hay temas que no tienen la pegada que pueden llegar a tener los temas que integran Mediocampo, aunque esos temas son los que más le gustan a cierto tipo de gente. Si bien no son temas populares, hay parte del público que prefiere canciones como esas. Tal es el caso de La Sirena, Chalaloco, Historias Tristes.

 — Suponete que estás en el año 1976, tú tenés el material para grabar Candombe del '31 y también las ventajas técnicas de las que dispusiste para Mediocampo, ¿pensás que el resultado hubiera sido muy distinto?
— No. Yo creo que hubiera sido como fue en aquella época pero mejor en cuanto a la grabación y en los conceptos de arreglo y utilización de instrumentos. Yo nunca hubiera utilizado un sintetizador en Candombe del '31, ahora sí. Pero si yo rehiciera en ese momento todas esas canciones, las haría completamente diferentes.

— ¿Es posible reproducir "en vivo" el sonido de Mediocampo?
— La mitad de los temas sí y la otra mitad no. Todo depende de las posibilidades económicas que se tenga. Con respecto a este medio, tocar con una murga ya es muy complicado, se precisa plata. Se puede tocar sí con un mínimo grupo de seis personas. Algunos temas se podrán reproducir pero otros no. Entonces, para hacerlo en vivo, hay que buscar nuevas versiones para que el tema suene y a la gente le pueda gustar. Con respecto a tocar aquí, hace falta una infraestructura que no tenemos. Ya es complicado conseguir un buen sistema de sonido, una buena amplificación, pero hasta allí se puede llegar. Pero cuando hay que movilizar a un grupo electrónico, desde el punto de vista de lo que se cobran las entradas, de lo que se recauda por cada concierto y de lo que ese concierto implica para que la gente cuando lo vea quede contenta (tres meses de ensayo, que los intrumentos sean los mejores, que los monitores sean buenos, un buen técnico de sonido de luces, que esté todo calibrado) también es bastante complicado. Nosotros igual pensamos salir a tocar en todos lados, porque si no nos morimos de angustia. Pero el problema es la dimensión de nuestro país, porque al mes ya te vió todo el mundo.

— Volviendo a Mediocampo, ¿cuál es el tema que más te gusta?
— Todas las canciones que grabás las querés, de una forma u otra. Pero, como sucede cuando un padre tiene muchos hijos, siempre hay uno medio preferido, lo que no quiere decir que no quiera a los demás. Yo las quiero a todas, pero puedo ver desde ya que hay algunas que me gusta más escucharlas que las otras. La mejor canción de ese disco es Pirucho, tiene un nivel que se despega de las demás, se me ocurre que con el tiempo esto se podrá ver. Las otras canciones son cancioncitas populares, son temas de tres minutos y no pretenden ser nada más que eso. Dentro de esas otras canciones tengo algunas que son preferidas como Luces En El Calabró y Los Futuros Murguistas. A la gente, la que más le gusta es Durazno Y Convención.

 — ¿Sentís temor de que el material de Mediocampo no alcance el grado de popularidad de algunas canciones de tus discos anteriores?
— Hay dos dimensiones de este asunto. La primera es la dimensión de la composición, de llevarla a cabo y grabarla. En el momento en que la canción se crea, hasta el momento en que quedó terminada, no tengo ningún tipo de temor porque no me interesa en lo más mínimo si la va a escuchar una persona o cien; ésto no se toma en cuenta. Pero luego, obviamente, especialmente cuando uno ha hecho varios discos, hay un lado imperfecto en cada uno de nosotros que genera situaciones como las que vos decís. Efectivamente sí, hay un temor, pero es un temor muy poco preponderante. En cierta manera, la solución de ese temor está un poco ligado al azar y, otro poco, esa incógnita se devela cuando los temas están quedando prontos, cuando la gente que anda dando vueltas por el estudio y te dice que sí o que no. Muy a mi pesar, ese temor existe, y es el temor a fallar que es común a cualquier actividad, pero le doy muy poca importancia.

— Antes de editar Siempre Son Las 4, suponías la enorme repercusión que iba a tener Adiós Juventud?
— Yo estaba completamente seguro que era la canción que mejor iba a caminar, pero que caminara tanto como caminó, por supuesto que no lo esperaba.

— ¿No tenés miedo que el público piense que con Los Futuros Murguistas estás intentando reeditar ese éxito?
— Precisamente no, porque Los Futuros Murguistas es la antítesis de Adiós Juventud. Los Futuros Murguistas no es una retirada sino que sería, en todo caso, la presentación de la murga.

— Pensás editar el disco en el extranjero?
— Bueno, en Argentina ya están establecidos los contactos, el asunto es ver si llegamos a un arreglo desde el punto de vista económico.