La Jauría
(Leo Antúnez)

A los tiranos
Sin más hambre que su miedo se sientan los tiranos a la mesa
para hundir su mano ensangrentada y hacerse un festín con el hambre de mi pueblo
Y sus inmensos hocicos rojos y sus dientes abren las negras entrañas
¡los tiranos!
Por eso, perros, ¡cuidado!
¡cuidado con la sangre, perros!
Ya no sirven fusiles ni masacres
ya no alcanzan torturas, ni rejas, ni picanas
para tener a salvo la precaria seguridad de vuestros mediodías con sus guardias
Ya no sirven promesas de palabras
porque ni las ideas se matan con sus balas
ni la verdad de mi pueblo se acalla con matanza
Por eso, perros, ¡cuidado! ¡cuidado con la sangre, perros!
¡Cuidado! porque la sangre derramada alcanza y sobra
para seguirlos, cercarlos, maldecirlos, perseguirlos hasta que digan basta
y aun así ya llenaron la garganta ah! ah! ah! ah!
Ya no sirven fusiles ni masacres, ni palabras
porque ni las ideas se matan con sus balas
¡ni la verdad de mi pueblo se acalla con matanza!
Por eso, perros, ¡cuidado!
¡cuidado con la sangre de mi pueblo! Ah!
¡cuidado con la sangre de este pueblo!
¡que no necesita a los tiranos!


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